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Mostrando entradas de 2024

El perro volador.

  - Niño, ¿duermes? -susurra una voz de mujer.   Silencio.   - Niño, ¿me escuchas? -la misma mujer con la misma voz repite.    Suena el silencio en el dormitorio, el viento silba fuera con furia.   - ¡Niño, ¿me estás escuchando o qué?! -la voz y la mujer gritan.   - ¡Mari, por Dios!, ¿qué quieres? ... -responde una voz medio dormida.   - Oye, ¿has atado a Pulguita?   - Sí, claro que sí.   - ¿Estás seguro? -insiste.   - Sí, claro, mujer, duérmete ya...   Pulguita es un perrito menudo y enclenque que recogieron de la calle cuando era un cachorro. Tiene las patitas delanteras muy cortas, la cabeza grande para su pequeño cuerpo, el estómago delicado y el pelo calamitoso. Pulguita es un angelito de color azabache , obediente y juguetón, con enormes orejas que se despliegan y saltan mientras trota feliz por el patio, siempre que el suelo no esté mojado, odia la lluvia. Pulguita es ligero como una pluma y cuando el viento sopla con ganas, él acab

La tiranía de la mascota.

Hace unas semanas, uno de esos contertulios que pululan por las televisiones hablando de todo un poco, afirmaba que vivimos en "la tiranía de la mascota" . Según parece, quienes cuidan y quieren a sus peludos como parte de la familia están sometidos a esa "tiranía". Ignoro qué clase de régimen totalitario permite que los tiranos soporten el maltrato y abandono que sufren perros y gatos en nuestro país, tal como atestiguan cifras vergonzantes. Lo que sí sé bien es que gracias a muchas personas luchadoras, incansables, generosas, voluntarias... el inmenso daño que otras causan deliberadamente a los animales se minimiza, suaviza o evita.  Gracias de corazón a las organizaciones y los particulares que dedican su tiempo, su corazón y sus recursos económicos a mimar, sanar, buscar familia y despedir con amor a los "tiranos peludos". Gracias, especialmente, por vuestro coraje y resiliencia, superando día a día situaciones dramáticas, lamentables y, en muchas o

Aquella vez que me quedé en blanco.

Llegué a este mundo hace 46 años y desde el primer minuto he tenido siempre algo que decir. Aquella vez que me quedé en blanco fue la primera y la última a fecha de hoy. Tendría 22 de los 46, estaba plantada delante del tribunal que me  examinaba de Derecho Procesal Penal , la temida asignatura que muchos alumnos terminaban cursando y aprobando en Granada -aquí tenía su dificultad- y la primera pregunta fue: -"¿Qué sabe Vd. del recurso de apelación en el tribunal del jurado?". Dos líneas que recordaba en fluorescente amarillo en mis apuntes y poco más. Faltaban unas cuantas líneas más, manchadas de fluorescente verde, pero no fui capaz de recordarlas. -"¿No sabe Vd. nada más de este tema?". Pues lo cierto es que no (pensaba mientras ponía cara de gatito hambriento). Una hora estuve allí, respondiendo cuestión tras cuestión.   Una hora más tarde pude marcharme. Un par de semanas después  salieron las notas y la mía era un dignísimo "aprobado&quo